29 ago. 2012

3 poemas de Sergio Carrizo*


Tiempo lúgubre

En mi cuello, en mi sangre
en mi mente, en mis brazos
sobre mi piel, en mis labios
sobre mis pies, en mi voz y
en mi recuerdo, en el respirar
en el amanecer y en la noche,
en la realidad y en mis sueños.


Madrugada

Insomnio, pesadez; el cuerpo
no responde y todo parece moverse
letárgicamente sin poder
divisar lo presente. Es todo
incorpóreo, los ojos son vacilación
pura, el cuerpo un ente sin movimientos
ni expresiones, los sentidos son
meros adornos sin importancia ni
significado. El peso de la escritura
se vuelve mas y mas concreto,
se vuelve un peso imposible de soportar.

Una mirada tenue

Una mirada tenue deja divisar
un sigilo en el rostro de quien la observa.
Es en ella donde todo está encerrado:
los miedos, las esperanzas, las tristezas,
la desesperanza, las alegrías; todo lo contiene
y todo da. Sin guardarse nada
hace brotar todo lo contenido
en su interior. 


*de "Tiempo lúgubre", Vela al viento Ediciones, 2011.
Sergio Carrizo nació en Caleta Olivia. Vive en Comodoro Rivadavia. "Tiempo Lúgubre" es su primer libro. 


Primer encuentro del libro usado y la divulgación artística.



9 ago. 2012

3 poemas de Jorge Leonidas Escudero*

Amigo íntimo

Era noche de viento anoche cuando
desvelado oí al gato amigo, el perdido, 
llamándome.
Su quejumbre apagada oí e el impulso
tuve de abrir todas las puertas a recibirlo.

Veinte días ya, 
y si no lo mató un perro viene ahí.
Salte de la cama y corrí a la ventana
ver si lo veía y hacerlo entrar
acariciarlo darle comida. Sucio, flaco
estaría después e tanta ausencia.

Entonces otra vez oí el llamado;
pero mi di cuenta no era el gato,
era una persiana que con el viento hacía
tal quejumbre.

Cerré la ventana.
Fui a mirarme al espejo ver qué cara
le queda a uno después de desilusionarse.
Y en esas vecindades de viento engañador
y ladridos nocturnos
volví a la cama a no poder dormir. Acaso
¿esto es mucho decir sobre la ausencia de un gato?

__________

Lo que sobra zozobra

Los que odian dar migas a las palomas, esos
que cierran la mano para no desprenderse
de lo que sobra.
Los habrás visto.
Y si les pide algo un hambriento
levantan los hombros como a mí qué me importa.

Mientras más tienen más ni pizca aflojan y es de ver
cómo se les pone la cara ambiciosa.
Escondidos nocturnamente
cuentan su ganancia moneda a moneda y lloran
cuando se les merma un pedacito.

No se dan cuenta de en la vecindad
viven mancos rengos y tuertos
ya zafados de lengua los cuales van a hacer
que zozobren los que a las palomas
no dan lo que les sobra. 


____________

Mi anciano hijo

Mi hijo es viejo y tiene eso raro
de sentarse nun banco la plaza
y estarse solitario hasta el amanecer.
No es por insomnio, me dijo, 
sino en cómo hacer para dejar de pensar
y entrar directamente en el saber.
Algunos dirán que es estúpido
eso de dejar que el tiempo transcurra lúcido
por fuera del pensamiento propio; 
pero allá él, mi hijo es así. 

Tiene un impulso que lo alienta a correr
detrás de lo difícil, 
pero como le falta agilidad en los pies
se siente en un banco de la plaza. 

Para colmo aspira a ser alquimista
y quiere fabrica4r oro con la mente.
Tampoco entiende por qué se le corren los mocos
sin estar refriado y le brotan lágrimas
sin estar triste.

Le aconsejo m´hijito acuestesé,
descanse ´n la cama, ya todo está hecho;
pero él no me escucha,
va a la plaza y se amanece.


*en "Endeveras", Ediciones en Danza, 2004. 


7 ago. 2012

Leche de espinas


VII

Quién 
entregará su cuerpo
al remanso de los años

qué estómago 
será atravesado
por el cardumen furioso
de la memoria
en busca
de su alimento.

Un manojo nocturno
de luces apuñala
la ventana y deja
un goteo de vidrio
candente anaranjado
sobre los ojos
y nada ya ha de
regresar.