14 dic. 2013

Poemas de Robert Frost*


Adiós

Ahora me voy afuera caminando
El desierto del mundo,
Y mis zapatos y mis medias
No me molestan.

Dejo atrás
Buenos amigos en la ciudad.
Dejemos que beban bastante vino
Y que luego se acuesten.

No crean que me voy
Desterrado la oscuridad exterior,
Como Adán y Eva

Olvida el mito.
No hay nadie
Que pueda expulsarme de aquí
Ninguno que pueda echarme fuera.

A menos que me equivoque
Sólo obedezco
La llamada de este canto:
Me voy... zarpo ahora!

Y podría volver
Si no me siento satisfecho
Con lo que he aprendido
Al haber muerto. 



Abedules

Cuando veo abedules oscilar a derecha
y a izquierda, ante una hilera de árboles más oscuros,
me complace pensar que un muchacho los mece.
Pero no es un muchacho quien los deja curvados,
sino las tempestades. A menudo hemos visto
los árboles cargados de hielo, en claros días
invernales, después de un aguacero.
Cuando sopla la brisa se les oye crujir,
se vuelven irisados cuando se resquebraja
su esmaltada corteza. Pronto el sol les arranca
sus conchas cristalinas, que mezcla con la nieve...
Esas pilas de conchas esparcidas diríase
que son la rota cúpula interior de los cielos.
La carga los doblega hacia los mustios
matorrales cercanos, pero nunca se quiebran,
aunque jamás podrán enderezarse solos:
durante muchos años las ramas de sus troncos
curvadas barrerán con sus hojas el suelo,
igual que arrodilladas doncellas con los sueltos
cabellos hacia atrás y secándose al sol.
Mas cuando la Verdad se me interpuso
en la forma de un hecho como la tempestad,
iba a decir que quizás un muchacho,
yendo a buscar las vacas, inclinaba los árboles...
Un muchacho que por vivir lejos del pueblo
sólo sabe jugar, en invierno o en verano,
a juegos que ha inventado para jugar él solo.
Ha domado los árboles de su padre uno a uno
pasando por encima de ellos tan a menudo
que nada les dejó de su tiesura.
A todos doblegó; no dejó ni uno solo
sin conquistar. Aprendió la manera
de no saltar de un árbol sin haber conseguido
doblarlo contra el suelo. Conservó el equilibrio
hasta llegar arriba, trepando con cuidado,
con la misma destreza que uno emplea al llenar
la copa hasta el borde, y aun arriba del borde.
Entonces, de un envión, disparaba los pies
hacia afuera y saltaba del aire hasta la tierra.

Yo fui también, antaño, un columpiador de árboles;
muy a menudo sueño en que volveré a serlo,
cuando me hallo cansado de mis meditaciones,
y la vida parece un bosque sin caminos
donde, al vagar por él, sentirnos en la cara
ardiente el cosquilleo de rotas telarañas,
y un ojo lagrimea a causa de una brizna,
y quisiera alejarme de la tierra algún tiempo,
para luego volver y empezar otra vez.
Que jamás el destino, comprendiéndome mal,
me otorgue la mitad de lo que anhelo
y me niegue el regreso. Nada hay, para el amor,
como la tierra; ignoro si existe mejor sitio.
Quisiera encaramarme a un abedul, trepar,
por las ramas oscuras del blanquecino tronco
y subir hacia el cielo, hasta que el abedul,
doblándose vencido, me volviese a la tierra.
Subir y regresar sería muy hermoso.
Pues hay cosas peores en la vida que ser
un columpiador de árboles.


El potro desbocado

Tiempo ha, cuando la nieve empezaba a caer,
nos detuvimos junto, a unos pastos... ¿De quién será
aquel potro?", dijimos. El pequeño Morgan había
puesto una pata delantera sobre el muro de piedra
y la otra sobre el pecho, encogida. Agachando
la cabeza, nos contempló un instante y huyó.
Escuchamos el diminuto retumbo de su fuga,
y nos pareció verle, una sombra gris recortándose
contra el inmenso cortinaje de los copos de nieve.
"Ese pequeño está asustado de la nieve que cae.
No conoce el invierno. Para ese pequeñuelo
no es cosa baladí. Y huye trotando.
Ni su madre podría decirle: «¡Quieto! ¡Es sólo el tiempo!»
El pensaría que ella sólo habla por hablar.
¿Dónde estará su madre? ¿Por qué no va con él?"

El potro ya regresa con su pétreo repiqueteo,
salta de nuevo el muro con ojos blanquecinos
y erguida la cola sin pelo.
Hace temblar su piel como si sacudiera moscas.
"Quienquiera que deja ese potro afuera tan tarde,
cuando los demás animales están en el establo,

hay que avisarle para que salga y lo haga entrar."





*Poeta norteamericano nacido en San Francisco en 1874. Falleció en Boston en 1963.Fue reconocido como uno de los grandes poetas de su país, con trabajos como "Intervalos en la montaña"  en 1916, "New Hampshire" en 1923, "El arroyo que fluye al oeste" en 1928, "Una cordillera de más allá" en 1936, "Máscara de la razón" en 1945  y "En el calvero" en 1962. Seamus Heaney: Por encima del borde: Robert Frost  

25 nov. 2013

Poemas de Carl Sandburg*

Dunas

Qué vemos aquí, en las dunas arenosas de la luna blanca,
             a solas con nuestros pensamientos, Bill,
a solas con nuestros sueños, Bill, suaves como las mujeres
             que se atan una pañoleta a la cabeza al bailar,
a solas con una imagen y una imagen tras otra, imágenes
             de todos los muertos,
más muertos que todos esos granos de arena apilados
             uno a uno aquí, en la luna,
apilados contra la línea del cielo que adquiere formas tal
             como quiera la mano del viento,
qué vemos aquí, Bill, fuera de aquello en que se rompen
             la cabeza los más sabios,
fuera de lo que claman los poetas, fuera de lo que buscan
             con denuedo los soldados, hasta dejarse por ello
             el cráneo al sol... ¿Qué será, Bill?




Listo para matar

Diez minutos llevo mirándolo.
Por aquí he pasado antes muchas veces y me ha extrañado.
He aquí un monumento en bronce, recuerdo de un famoso
            general
a caballo, con la bandera y la espada y revólver en mano.
Cuánto me gustaría hacer añicos todo ese catafalco,
            reducirlo a un montón de escombros, que se lo
            lleven a la chatarrería.
Te lo diré con toda claridad:
luego de que el granjero, el minero, el tendero, el obrero,
            el bombero y el camionero
hayan sido recordados en sus monumentos de bronce,
dándoles la forma del trabajo de conseguirnos a todos,
algo que comer, algo que vestir,
cuando apilen unas cuantas siluetas
                     recortadas contra el cielo
                     aquí en el parque,
y rememoren a los auténticos forzudos que hacen el trabajo
              del mundo, que dan de comer a la gente en vez de
              aniquilarla,
entonces, a lo mejor sí que me plantaré aquí
a contemplar con tranquilidad a este general del ejército
              que enarbola su bandera al viento
y cabalga como un demonio en su montura,
listo para matar a todo el que se le ponga por delante,
listo para que corra la sangre roja por la hierba nueva y
              tierna de la prade
ra, y que la empapen las entrañas
              de los hombres.



Personalidad

(Cavilaciones de un policía adscrito al Despacho
de Identificación)

Has amado a cuarenta mujeres, pero sólo tienes un
     pulgar.
Has llevado cien vidas secretas, pero sólo dejas una huella
     dactilar.
Vas por el mundo y combates en un millar de guerras y
     obtienes todos los honores del mundo, pero
     cuando regresas a tu hogar la huella de uno de los
     pulgares que te dio tu madre es la misma huella
     del pulgar que tenías en el asilo, donde tu madre
     te besó para despedirse.
Del útero revuelto del tiempo provienen millones de
     hombres, cuyos pies atestan la tierra, y se rajan el
     cuello unos a otros por un lugar donde seguir en
     pie, y entre todos ellos no hay dos huellas de
     pulgar que sean iguales.
En alguna parte debe haber un Gran Dios de los Pulgares,
     capaz de contar por dentro la historia de todo esto.




*EE. UU. 1878-1967, publicó en 1915  los"Poemas de Chicago", de los cuales se extraen los que aparecen aquí. Obtuvo el Premio Pulitzer en 1940 y la Medalla de Oro de la Academia de Arte y Letras de Estados Unidos. Aquí un comentario sobre  Carl Sandburg por Borges.-



                                                                                      In Utero

Anotaciones Críticas II

El prólogo es un género más. Y por lo tanto, un modo de leer más.
En la mayoría de ellos, salvo felices excepciones, el prologuista, hace alarde de un lenguaje que pretende ser “más lenguaje” que el que fluirá en las páginas siguientes. Así, es posible reconocer ciertos modismos,  más o menos estereotipados, de la lengua en los prólogos. Estas afectaciones tienen varios supuestos sobre los que se asientan: el prólogo debe ser una especie de ritual de descubrimiento; el prólogo debe ensalzar el sentido que descubre y debe disimular tanto el descubrimiento como su apología. De esta manera, el prólogo oscila entre una ficción de la notación vertiginosa y desarticulada de la experiencia individual de la lectura y el barroquismo vacío producto de la exacerbada ornamentación léxica y sintáctica, que pretende ocultar la ausencia de lectura. Ambos contornos se refieren al mismo centro: la lectura, o la narración de su ausencia.
De entre los lugares comunes que suelen tener algunos prólogos, la frase “YA DESDE LOS PRIMEROS POEMAS”, me parece la más esclarecedora. ¿Qué quiere decir el prologuista con  YA desde los primeros poemas etc., etc., etc.? ¿El prologuista se esperaba que RECIEN DESDE LOS SEGUNDOS O TERECEROS POEMAS encuentre el sentido o la unidad del poemario? ¿Cuáles son los PRIMEROS POEMAS, los dos, tres cuatro primeros poemas, o el primero mismo? ¿El prologuista hace alarde  de que aquello que el lector mundano construye luego de leer y releer varias veces el poemario, él, perspicaz lector y escritor de prólogos, lo descubrió YA desde LOS PRIMEROS POEMAS? y por tanto, ¿YA no le hace falta leer mucho más, porque YA descubrió, el sentido, la unidad, el tono, el ritmo, DESDE LOS PRIMEROS POEMAS?  Por esto, esta frase revela algo acerca de la lectura, y no de la escritura: al leerla en un prólogo, se me ocurre que quien la escribe, sólo leyó del conjunto de poemas que intenta comentar LOS PRIMEROS, donde desde YA, está lo que se va a encontrar en el resto, entonces, ¿para qué seguir leyendo?  
El prólogo se transforma en la construcción de una ficción: la de la lectura. Quien escribe, construye un relato en el que narra “su lectura”, que nunca existió más allá de LOS PRIMEROS POEMAS. El personaje principal de esa ficción es, la lectura, que por ausencia se parece a los enigmas en los policiales: la verdadera investigación no es sobre lo que se percibe, sino sobre el modo de la percepción. El modo de percepción en el prólogo es un acto de lenguaje que no tiene referente. De modo que el estatuto del prólogo, a saber, que es una instancia secundaria que registra sistemáticamente un acto primario, individual y solitario de lectura, cargado de repeticiones, marchas contramarchas y borradores,  cruces y rebotes, no es un conjunto de normas (genéricas) que regulan un acto (la lectura) , sino al revés, una legislación  que produce al acto.  El prólogo no representa sino que produce una lectura, produce la lectura misma de la obra que anticipa. Es un antes, pero no de la escritura sino de la lectura.
El prólogo  construye un acto de  lectura, si esta existió o no, es irrelevante. Existe la escritura y una exo-escritura: la primera corresponde a la ficción literaria (novela, poema, cuento etc.), la segunda a la ficción de la lectura. Un prólogo está fuera de la obra, pero construye el estatuto de lectura que la va a legislar. En ese sentido, ni YA DESDE LOS PRIMEROS POEMAS ni luego de un sesudo estudio el prologuista se refiere a la escritura literaria: su referente es su producto, o sea la lectura. Un prólogo habla de cómo se lee, no de cómo se escribe. 

23 nov. 2013

Poemas de Juan Desiderio*

III

—Bitácora de vuelo—




























































—no te hagás el espok
y corré más rápido
que nos matan
esto marciano de la 19
y te van a rodar
las orejas
hasta la zanja.
—La zanja. La recuerdo
tomando sol
a orillas de la zanja
sus pelos con abrojos
excitaban
a lo vendedore
de sandía
y su risa
helaba el barrio
todos la veían
le creían santa
por el barro seco
que frotaba en su pierna
y aparecía como
santa rita envuelta
en una nube
con su cara
color acero y
—seguí corriendo
que nos cagan a palo
—y te acordá del viejo
que creía ser san jorge
y yevaba al matungo
a tomar agua
a la zanja
se sentaba siempre
sobre el caño ése
que estaba roto
y miraba a la gente
y veía dragone corría
a los pibes les quería
sacar lo dragone
de la cabeza
te acordá
—sí, eran piojo
—no, loco
eran dragone en serio
—espok
no digá boludece
y decile a tu piba
que compre faso y gayetita. 



V

La zanjita. A la zanja
según el más viejo del barrio
la creó el diablo
allá por el año en que
el más viejo del barrio
perdió una pierna
en una guerra en la que todos
perdieron una pierna
pero el más viejo
cree que el diablo bajó
con un látigo
pa castigar al hijo del del
garage porque se curtía dó
vino blanco por hora y a la
hija del cartero no
entonce enfurecido
pegó un chutazo
y volaron la piedra
y el barro
—ahora van a venir lo sapo
y la culebra
y todo lo vecino
van a ser bautizado
en esta zanja—
El diablo se fue
y lo sapo
no nos dejaron dormir
nunca más



VII

Aprovechaban que el viernes el
pelahueso dormía en la seccional y se
instalaban en la pared que da a los
monoblock. Los heavys con sus pelos
quemados y ojos de arsénico como tocaban
esos chicos la pared a cada rato
rituaban con eso de romper la puntita lo
divertido de romper la cajita del
tetra mientras apagaban el grabador sólo
la voz del viento sólo el ruido de
tijera que salía de entre los yuyos.
En el cementerio todo es posible los heavys
hasta pueden tener frío un radiador de
colectivo tirado ahí darte el calor todo
un invierno. Al fin la fiesta y arman una
nave y otra nave y fuman otra
nave más le cantan al azar a lo que puede
caer cantan al agua que sale de
los huesos fríos que forma un discreto lago
un hermoso ojo de agua
que descarga
en una zanja.


*Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1962. Bibliotecario, poeta, músico y estudiante de filosofía.  Fue colaborador de la revista/editorial La Trompa de Falopo, en 1990. Actualmente, colabora en la revista digital Atmósfera. Textos extraídos de "La zanjita" (1992). Más sobre el autor acá.




22 nov. 2013

Poemas de Edgar Lee Masters*



Taylor, el diácono

Pertenecí a la Iglesia
Y al partido que aboga por prohibir el alcohol.
En el pueblo suponen
Que morí por comer sandías,
La verdad es muy distinta:
Me mató la cirrosis.
Tarde a tarde, por espacio de unos treinta años,
Me deslicé al interior de la botica de Trainor
Y me serví una dosis generosa
De un frasco que llevaba la etiqueta
Spiritus Fromenti. 



Theodore, el poeta

De niño te pasabas horas y horas
Sentado en la ribera del Spoon turbio.
Los ojos fijos en la entrada de la guarida,
Esperando que el cangrejo de río

Saliera y se arrastrara por la orilla arenosa.
Veías primero sus antenas trémulas,
Briznas de paja al viento.
Luego su cuerpo de color de greda,
Adornado por ojos negro-azabache.
Como en trance te preguntabas:
Qué sabe, qué desea, para qué vive el cangrejo.
Más tarde dirigiste la mirada
Hacia hombres y mujeres
Ocultos del destino en sus guaridas
De las grandes ciudades
Y esperaste que salieran sus almas
Para ver cómo
Y con qué objeto viven
Y para qué se arrastran con tanto afán
Por la orilla arenosa en la que falta el agua
Cuando termina el verano.


Amanda Barker

Henry me embarazó
sabiendo que no podía dar a luz
sin perder la vida.
Así fue que en mi juventud
pasé por los portales de polvo.
Viajero: en el pueblo donde viví se cree
que Henry me amó con amor de esposo,
mas proclamo desde el polvo
que por satisfacer su odio me mató.


Roscoe Purkapile

Ella me amaba. ¡Oh, cómo me amaba!
No logré nunca esquivarla
desde el día en que me vio por vez primera.
Pero después, cuando nos casamos, pensé
que podría demostrar su mortalidad y dejarme libre,
o que podría divorciarse de mí.
Pero pocas mueren, ninguna renuncia.
Entonces me escapé y anduve un año de parranda.
Sin embargo nunca se lamentó. Decía que todo saldría
bien, que yo volvería. Y volví.
Le dije que mientras remaba en un bote
había sido capturado cerca de la calle Van Buren
por piratas del lago Michigan,
y atado con cadenas, así que no pude escribirle.
¡Ella lloró y me besó, y dijo que eso era cruel,
ultrajante, inhumano!
Comprendí entonces que nuestro matrimonio
era un designio divino
y no podría ser disuelto
sino por la muerte.
Tuve razón.

Mrs. Purkapile

Huyó y se fue por un año.
Cuando volvió me contó la historia tonta
de su rapto por piratas en Lago Michigan
que lo tuvieron encadenado, de modo que no pudo escribirme.
Fingí creerlo, aunque sabía muy bien
lo que había estado haciendo, y que de tanto en tanto
veía a la modista, Mrs. Williams, cuando ella iba a la ciudad
a comprar mercaderías, según declaraba.
Pero una promesa es una promesa
y el matrimonio es el matrimonio,
y dejando de lado mi propio carácter,
me negué a ser arrastrada al divorcio






* EE. UU. 1868 -1950. Textos extraídos de "Antología de Spoon River" (1915)

16 ago. 2013

Tres poemas de Michael McNeilley*



 incendiario

siempre hay un espacio
no importa cuán pequeño
por el cual el amor puede penetrar

no importa cuán pequeño
el corazón
donde esté

como el agua que se escurre
por un lavaplatos que se filtra
hichando las tablas del piso

minando la baldosa
hasta que las vigas del piso
se comban

y cuando lo descubres
sólo después significa
una reparación mayor

pero para ese entonces
las termitas de la madera húmeda
se han colado

y los inspectores sin duda
van a encontrar
una cosa semejante

y nunca te
devolverán el dinero
por eso

y las reparaciones
son tan caras
y vienen sin garantía

de que no sucederá
de nuevo
y lo único que puedes hacer

es quemarlo todo
con la esperanza
del seguro

y cuando vegan
a escarbar
los escombros
y pregunten qué sucedió
miente



Ha estado asoleado aquí, para ser marzo

En las semanas tras la muerte de mi hermano
se me ocurrían preguntas
que quería hacerle.

No la pregunta obvia, no
“¿Por qué mierda ... por qué ahora?” pensaba
que sabía la respuesta de eso.

Y quería patearle el trasero
como nunca lo hiciera cuando éramos niños,
él no tenía derecho, pero

las preguntas eran más simples:
“¿Cuándo es el festival de bluegrass de Telluride?”
“¿Todavía echas de menos a tus chicos?”

“Es éste uno de tus cassettes, o mío?”
“¿Crees que el techo de la leñera
durará todo el invierno?”

Y más, ni siquiera preguntas:
“Vi un camión y pensé que te gustaría”
“Podríamos jugar un poco a la pelota.”

“Deberíamos telefonear a mamá.”
“Conozco a una mujer que deberías conocer,
vamos a beber una cerveza.”

Y yo sé que no lo veré otra vez,
pero aún vienen a mí estos pensamientos, aunque
no tan a menudo como solían hacerlo.

Pienso en él y pienso en ti,
Tan lejos de mi alcance ahora,
Y no hay problema

excepto por las preguntas, las cosas
que te diría, los pequeños ofrecimientos
que haría, si pudiera.

Encontré un restaurante japonés fantástico.
Te gustarían algunos de estos poemas.
Desearía que dejaras de fumar.

Los narcisos están en flor por todas partes.
Tuve una idea extraña para un cuento.
Soñé contigo de nuevo.

En el sueño mi hermano estaba allí,
y mi papá, podía oler su Old Spice.
Ustedes dos estaban fumando Camels

y hablando, él estaba tonteando contigo
tal como lo habría hecho, tú
reías, tu pelo cepillaba

mi mejilla, sentados
muy juntos alrededor de una mesita.
Mi hermano sonreía.

La cabaña en Colorado, esa diminuta
cocina, mi madre pasando la aspiradora,
perros pequeños ladrando.

El gato me despertó con su ronrroneo.
Fue bueno verlos a todos de nuevo.
Ahora es casi la mañana.




bajo la misma luna

doc desliza otro whiskey a través de la barra
y yo me lo empino
estacionado aquí en mi taburete como
una carroza fúnebre entre coches deportivos
a una semana de otro año perdido
suturando mi corazón con hilos
de soledad
mientras que medio continente lejos
la fiesta de la agencia de publicidad ruge
y tú te subes a la copiadora
enrollas aquellos pequeños panties en tu dedo
con una risa semejante al hielo tintineando en los vasos
y alguien pulsa el botón
para imprimir mi tarjeta de cumpleaños






*Michael McNeilley, poeta, periodista y escritor estadounidense, fue Director fundador del National  Student News Service; trabajó como reportero y corresponsal en Washington, D.C.. Escribió cientos de poemas y cuentos que publicó en numerosas revistas y en diversos sitios de Internet.  Murió en el 2000.




 


13 ago. 2013

Tres poemas de Ludmila La Manna*

Facebook


Mis compañeos de primaria ya no tienen dientes de
alambre

Francisco sigue siendo una cloaca
-y ahora sé que la cloaca es el culo triste de las
gallináceas-

Nicolás vive con su vieja, siete hermanos y un padre
muerto que
-dice- hace crecer los rosales como caníbales cada
invierno

Fermín tiene los viejos desaparecidos
y una hermana
a quien odia
que lleva el nombre de la madre casi muerta

Ana es acompañante en un bar de lujo
Carlos la vio mientras yiraba borracho como todos los
martes

La gente se encuentra en Facebook

Alejandro sonríe en todas las fotos
y dice que tiene pánico

Martín propone vivir un romance preescolar

Juana sale con una mina que la duplica en edad
y se viste de pendeja

Natalia vive en Roma

Dala recorrió el  mundo
y es evidente que adora posar bajo las estatuas

Mi marido volvió a encamarse con su primera novia

Qué suerte que en Facebook la gente se encuentra.




2

Llego a la espalda
de una ciudad con puerto
espero mi turno en el teléfono
aprovecho el espacio
para estirar los cartílagos
y pensar a quién le aviso
a cuál de todos los pasados
opto por 4953-3843
aparece un auto
vidrios negros
olor a homosexo
el pibe se baja
me abraza
Sujeto el hilo de incondición
que nos une y desune

Deambulo hasta entrada la noche
el aire es frío
tomo cafés en vasitos de plástico para no detenerme

Soy otra vez
esta hembra leve y puntiaguda
retando a la abuela
en la repetición exacta
de los caramelos sobre la cama
haciendo el amor primario
en una casa abandonad

Soy otra vez
la de naturales
blanco del tiro de un pendejo
la novedada cada tarde por el Rulo
seño mataron a Paco por chorro seño por qué iba a ser
la seño rabia
moribunda
ahogando a Silva en un aborto mal tejido

Soy otra vez
la mimada de una mujer buena
la nena esperando el desayuno
la que ahorcó a los pollitos de la hermana
la que grita dormida

Soy la que no tiembla
ante el hombre sordo
que da vueltas sobre mí
mirame no me mires
mirame no me mires
mirame no me mires



14

Adelaida suma en varios bolsos
ropa de cuatro talles, cinco
remeras, pantalones, pulóveres
camisas, pijamas azules, rosas
zapatos, ojotas, botas
Rogelio mira de reojo
agazapada la botella
hace zapping
futbol /minas/ futbol
mira de reojo.

Adelaida se detuvo hoy
en la puerta de la iglesia
pensar que creí casadita de blanco
cura de mierda
decir que Rogelio iba a dejar la bebida
como se deja el diablo
Yo tenía razón
al día siguiente
la sombra de cada perejil
se repite
que no venga el físico del cuarto
a decirme que la Tierra gira
Adelaida escupió
en el filo de la iglesia
y se fue mordiendo el labio superior.

Rogelio la mira de reojo
cree que ya son las vacaciones
la ginebra le da calor
y tal vez sea enero
Adelaida termina de acomodar la ropa
carga el auto
levanta los chicos
los carga al auto
Rogelio grita dormido un gol de Vélez.
Son las cinco de la mañana
cuando cruzan la avenida Centenario
El tanque está lleno
falta para que despierten
aprovecha para llorarse
lavar el veneno el amor.

Nueve y cuarto
diez minutos despues de lo esperado
se despierta la bandada
Adelaida lleva la cara como un arco iris.
Se detienen en una estación de servicio
pañales, nafta, pipí, medialunas, mate listo Taragüí
descubre Adelaida y sonríe finalmente con ganas.
Compra un mapa
hace tatetí sin que los chicos la oigan
por esto del desconcierto que dijo la psicopedagoga
Queule lindo nombre
Queule
faltan 1717 kilómetros y sólo 120 de ripio
¿tendrá cajero?
Los chicos protestan
se calman unos a otros
Ella les dice cuánto los ama.

A la tarde siguiente llegan a Queule
hay unas veinte casas
en las siete cuadras de calle principal.
Por la izquierda el mar
es un león en celo.
Del otro costado
en la ladera
esparcidas
diminutas
asoman casa
como mirando.
Adelaida apaga la música.
Baja.
La bandada duerme dentro del auto
y fuera no hay rastro de bandada alguna.
El silencio parece haber echado raíz en Queule.
Adelaida camina despacio
sin interrumpir
el ruido a nada.
Hasta el gollpe del león
contra las piedras
aparece como un murmullo.
Queule está desierto.
Adelaida golpea las manos
cada vez con más fuerza.
Golpea las puertas
de las veinte casa
y grita.
Queule está desierto.
A lo lejos ve entonces
un racimo de personas que bajan la ladera
cantando vienen
bailando vienen.
Las mujeres llevan enormes ollas en la espalda
los niños cargan flores, guirnaldas, frutas.
Bajan hasta la calle principal
entra cada uno a su casa
como si Adelaida no existiera.
Como si la bandada no estuviera ahí
las plumas detenidas.
Adelaida se acerca a la última mujer
y le pregunta.
Hpy es domingo, señora
los domingos viene dios
toditos los domingos viene dios
y vamos a buscarlo
a llevarle.
Adelaida junta a los críos
pijamas, medias
calzoncillos, pantalones
botas, ojotas.
Ocupa una pieza en la última casa
y espera el domingo,
y al siguiente, y al otro.
Adelaida lleva críos
tarros de leche, guirnaldas, flores
y va creyendo
de a poco
va creyendo
eso de que la tierra gira
y la sombra cambia.

*de "Fotogramas". Ludmila La Manna (1974) nació en Buenos Aires y hace más de diez años vive en Esquel. Publicó: "Del sur" (2002, edición de autor), "Duyá" (2005, Grupo de Amigos del Libro Patagónico) y Pactos (2010, Estrella Deliciosa Ediciones)


23 jul. 2013

Anotaciones críticas incompletas I

Simpleza. Leer poesía y decir simpleza, de esa poesía. Que una poesía sea caracterizada como "simple" es un dato ¿de qué orden? y, en el caso de que pertenezca a un campo lindante con la poesía, ¿que rigurosidad crítica plantea el término?
No encuentro claramente a que se refiere un texto crítico cuando dice de una poesía que es "simple". Simpleza es un término bastante difuso para describir un poema: ¿se refiere al lenguaje utilizado? ¿a las ideas que maneja? ¿a la transparencia de sus posibilidades de comunicación? ¿al ritmo? ¿al tono? ¿ a la identificación del yo o del otro? ¿a su lógica interna?  ¿a su vinculación con el contexto? ¿a la relación lector-escritor?
Por lo general, al decir de un poema que es simple, se quiere decir que se entiende, se capta el sentido general, y por ello, que el poema es un buen poema. Supuesto que: la entendibilidad de un poema sea un criterio de valor; que existe UN sentido que ademas puede ser GENERALIZADO y captado por los sistemas de radares de la lectura. 
Por ahí, también se quiere decir que la simpleza, no es un rasgo sino una capacidad que el poema tiene de permitirnos el acceso a regiones inhóspitas y desconocidas del saber sin gastar demasiadas energías. Digamos, algo así como una energía que el poema ha gastado por el lector, y que el lector por tanto usufructúa.  De modo que,  este poema, casi un guía turístico de geografías hostiles, también es un buen poema. Supuesto que: el poema adopte la forma de un ser que esta de vuelta de todo; que el objetivo de la poesía sea hacer conocible lo incognoscible; que lo incognoscible sea hostil; que el vínculo con el conocimiento debe ser un estado de felicidad constante y pleno; y que la lectura de un poema simple nos evita la tortura de conocer por otros medios menos, digamos, bonachones. 
Recuerdo un pensamiento que Winston, el protagonista de 1984, dice al encontrarse con el subversivo libro que describe en detalle el funcionamiento y el fundamento del estado de cosas que rodean a la humanidad en la novela de Orwell: "Los mejores libros, son aquellos que le dicen a uno lo ya sabido". No se, pero esta frase podría iniciar un comentario crítico de poesía y tendría más rigor que el término "simple"

6 jun. 2013

Posesión*




Anton Chejov, ese buen doctor,
dice: "Una vez que un hombre es poseído
por una idea, nada se puede hacer con él". 
Un maestro al que no le importan
sus discípulos tiene su diploma universitario
en un marco dorado que lo despliega
espléndidamente. 
Una abuela ha gastado sus ahorros
en un juguete famoso: coches brillantemente pintados
que vuelan en el aire
con alambres. Su nieto lo examina
y pide permiso para ir a jugar afuera. 
Una muchacha con larga y rutilante
cabellera, corre tan rápido como puede
por las calles
a casa de su amiga.
¡Hicimos el amor! ¡Me quiere!
Y ahora sé cuán bello
es todo. 
Una noche invernal, las llamas
se mueven dentro de la chimenea. Él la envuelve
en sus brazos. Ella piensa
en el precio de las escalonias. 
Por fin un hombre puede comprar
la chaqueta que siempre ha deseado.
En un instante advierte
un hilo suelto, sabe que nunca encontrará
el coraje para tirar de él. 
¿Cómo puedes reírte de las cosas pequeñas?
pregunta una mujer. Nuestro bebé
se ha ido, y mi vida se ha ido también.
Pronto la pérdida es más valiosa
que el bebé, más que cualquier cosa. 
Una mujer se enamora
de un hombre de su oficina. Él parece
distraído, preocupado —debe ser
que se siente igual. Un día él le pide
hablar en privado.
Perdóname, pero ese perfume
que siempre usas... parece
que daña mi nariz. 
Los solitarios tienen mucho en sus mentes
de que hablar. 
Un deseo es todo lo que hay,
largo pago por algo feliz.
Toda persona es culpable
de la primavera y que termine la primavera.





* Angela Ball nació en Athens, Ohio, U.S.A. en 1952. Sus libros de poemas incluyen Kneeling Between Parked Cars; Possession y Quartet. Vive en Hattiesburg, Mississippi y enseña en el Centro para Escritores de la Universidad de Southern Mississippi, donde es editora de la revista Mississippi Review 







25 abr. 2013

3 poemas de Juan Manuel Inchauspe*

Ausencia

A veces
en medio del inútil fragor del día
tu pequeña luz ya apagada parece encenderse
inesperadamente sobre nosotros.
Nadie habla.
Nadie dice nada.
Entre el fragor y tu ausencia se alza
la única luz que nos alumbró

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1

Me voy temprano y regreso muy tarde
cuando la noche ha hecho ya
gran parte de su trabajo
y no queda tiempo para detenerse a mirar.
Así paso los días. Como si lo mejor de mí
estuviera paralizado y muerto
o mejor como si no hubiera existido nunca.
Nada más que este rostro hipnotizado.
Como un pájaro nocturno
alguna palabra escala mi sangre.

Entiendo que debo quemar mis manos una vez más.
Abro el cuaderno y escribo rápidamente.
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Todo arde

Pero no. Las cortinas están quietas,
Ningún estremecimiento las recorre.
En la casa no hay ruidos.
En realidad, ella no está en ninguna parte.
Lo que desde la ventana
Están solo el mismo paisaje de siempre.
Y no hay nada de música
En esto.
En esta expectación, en este silencio vertical
No hay ni una sola gota de piedad.
Nadie se ha sentado al lado mío esta noche.
Ni la más miserable palabra.


*Nació en Santa Fé 1940 y falleció en 1991, Publicó los libros “Poemas” y “Trabajo Nocturno” (UNL, 1985)

16 abr. 2013

3 poemas de Alejandro Shmidt*

Paloma tuya

entonces
cuando me dolía tanto la cabeza
traías la paloma
y la apoyabas en mi frente

bebía la fiebre
como quien se sorprende

cuando sus ojos
enrojecían
la soltabas en el patio

al cielo se iba
toda de fuego
mirando este mundo rojo
donde me levanto y camino
altivo.

Un sol

esta noche no llevará la casa
estaré dormido
y estaré despierto

unido, sin mi,
a un rebaño de espejos
al agua de la virgen

insistirá la noche
hasta romper su jarra
en la última estrella

estaré vivo y muerto
en tus brazos
en la broma del cometa
amor, mi único amor

y nadie se llevará esta casa.

Antes que la luz llegue a este mundo

Antes que la luz llegue a este mundo
tus manos pueden aferrar
los anillos del ángel

antes que ilumine 
los rojos caminos del campo
y
sacuda
la nieve negra del corazón

antes que todo lo nombre
y tu silencio
sea
una culpa 
un desacierto

antes que la luz llegue a este mundo

pueden

las manos

guardarse

tocar un pecho amado

sonreir.
 *Alejandro Schmidt nació en 1955 en Villa María, Provincia de Córdoba, Argentina.