20 jul. 2015

Sobre el materialismo en poesía

2

En la medida en que un poema es un sistema de producción de sentido, es, así mismo, la síntesis del sistema de producción en el que fue creado.
Por lo tanto, el poema es un producto individual socialmente condicionado en, el menos dos sentidos: condicionado por las circunstancias de su producción y condicionado por las circunstancia de su puesta en circulación, ambas instancias de carácter social e histórico. El poeta elige con qué medios trabaja, cómo los manipula, a qué materia se aboca y bajo que condiciones produce un sentido. Sin embargo, la subjetidad del poeta y las decisiones que toma están necesariamente condicionados por los procesos históricos en los que se haya inmerso y por el contexto literario (otros poemas anteriores y contemporáneos) en el que se inscribe. Esta relación es dinámica y compleja, irreductible a una fórmula, y es perceptible en la medida en que la lectura de un poema constituya una fase más del sistema de producción poética. Es decir que, el poeta debe ser a la vez lector de su propio poema para poder dar cuenta de modo conciente del proceso de producción de la obra para sentar las bases poéticas (su estatuto poético) de su puesta en circulación, es decir de su socialización.

15 jul. 2015

Sobre el materialismo en poesía

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Poesía es industria. La afirmación corresponde a Vladimir Maiakovski, poeta y revolucionario ruso ligado al futurismo,  y expresa la posibilidad de pensar la escritura poética como un sistema de producción. 
Como un modo de producción y todos las categorías que los constituyen: una materia prima, unos determinados medios de producción, clase, fuerza de trabajo, propiedad, poder, acumulación, producto, mercancía. En definitiva, todos los aspectos que conforman las condiciones de producción de un poema. Las condiciones por medio de las cuales se produce un poema, que es a su vez, un sistema de producción de sentido. 
El poeta es un obrero, en la medida en que opera sobre una materia prima, con uno determinados medios de producción (los cuales puede: heredar o crear) para transformarla en un producto capaz. a su vez, de producir un sentido en la sociedad de la que forma parte. Este producto está desprovisto de las cualidades de la mercancía en la medida que produce un sentido (un valor) materialmente condicionado y alejado de toda mistificación del quehacer poético. De este modo la escritura poética es una práctica situada y no una enajenación subjetiva ahistórica. El poeta necesariamente debe se conciente de su práctica (del sistema de producción del que forma parte y de las condiciones que lo constituyen) para poder plantear un nuevo (otro) modo de poetizar, de lo contrario, en su alienación, no hará más que reproducir el sistema que lo explota para repetir al infinito los sentidos establecidos. 

14 jul. 2015

Tres poemas de Silvio Mattoni*

Cleis (en El bizantino)

Dicen que soy tan bella como una flor de oro,
pero no hay una estrella sobre el perfume de mi pelo,
todo parece oscuro como este árbol quemado,
manchando mi túnica pálida. Cuando miro
la silenciosa boca de Mírsilo, acercando su cuerpo,
mis palabras se escapan, temo que me rechace,
casi nunca sonrío en su presencia,
prefiero contemplarlo, acompañarlo
con los demás asistentes al banquete.
“Cleis”, me dice siempre, “tu hermosura deslumbra”,
no pasa más allá y aunque sé que es mentira
no puedo dejar de estremecerme al escucharlo,
son vientos de la muerte corriendo tras mi espalda,
cuando suelto mi risa de desprecio
para los ojos negros de mi amado.


Maldice el día en que se detuvo (en Tres poemas dramáticos)

¿Quién puede prever lo que va a pasar?
¿Quién, saber lo que le espera? Yo tuve
la esperanza acuática de mi destreza
en el arte de pintar. Mezclaba entonces
cada tono, finísimas láminas, efectos
de luz y sombra. Pero los años
no me dieron la medida exacta
de mi trabajo. ¿Adónde están ahora
mis potencias? ¿En qué lugar se decidió
poner un límite a mis manos? ¿Tuve
algo, alguna vez? Recuerdo, amigos,
a una chica pálida y diminuta
que hablaba muy despacio. La quise,
vivimos juntos cuatro años. Al pintar,
su cuerpo era un remolino vacilante
sobre un banco de madera. Cuando se fue,
supe que yo no sería nada, apenas
un mediocre artesano, uno de miles,
preparando un futuro ajeno. ¿Adónde
se cortó ese hilo que me sostenía
del cielo? Entonces yo flotaba y ahora
me hundo en los más oscuros pozos,
en la inmovilidad, en la repetición
más anodina. Las aguas del destino,
¿pude haberlas surcado? ¿Había un barquero?
¿Qué hice mal? ¿Qué moneda olvidé,
cegado por el velo de mi juventud? Amigos,
ustedes no pueden saberlo, pero pienso:
¿habrá aún esperanza para mí?


No era y llegué a ser (en Canéforas)

No era y llegué a ser, hijo de mi madre
y del invierno adverso. Si tomara
el agua de mi memoria antes de hablar,
¿sabré acaso cuándo elegí nacer? La vi
pasear sus ojos nacidos para el sol
en la bruma de las miradas hiperbóreas
y sin ningún idioma, fuera del olvido
que la infancia sepulta en el origen, alcé
mi mano soñada, puse mi dedo
inexistente en su danza: "quiero
que seas mi madre, aprender de tu voz
mis palabras y el silencio que concibe
ya mi cuerpo, mínima llama brillando
en el presente, como el deseo que lanzo
a tus oídos tan libres. ¿Son mis estrellas
estas que alumbran el azar, la belleza
de arrebatar un principio a la nada,
o aquéllas que festejan en otro mundo
mi nuevo nacimiento? Quiero que sepas
que soy el hilo de tu destino. La pregunta
nunca encontrará su fin, pero vos
respondiste que sí con tu presencia, no
desprovista de un dejo de tristeza."
Vi entonces cómo su cuello se arqueaba,
la cabeza hacia atrás, ojos cerrados
para hacer más extensa la piel; fui
a dormir un momento en su alegría
esperando el sigilo asesino de la luz
que me dará. De un espejo a otro espejo
buscaré en vano el rostro que creí
tener antes de que este mundo se fijara.

















*Silvio Mattoni (Córdoba, Argentina, 1969). Los textos fueron extraídos de los libros: "El bizantino" (1994), Tres poemas dramáticos (1995), Canéforas (2000)



1 jul. 2015

Fragmentos de "Cómo hacer versos"*

(...)


A aquel que pretende coger la pluma por primera vez y convertirse en poeta en una semana mi libro no le sirve para nada. Mi libro es para aquel que, por encima de los múltiples obstáculos, quiere convertirse en poeta. Y un poeta es una persona consciente de que la poesía es uno de los desafíos más difíciles que existen, y a pesar de ello quiere conocer y transmitir a otros esos procedimientos que muchas veces transcurren por caminos misteriosos.

Estas son las conclusiones:

1. Poesía es industria. De las más difíciles y complicadas, pero, a pesar de todo eso, es una industria.

2. Aprender el oficio de poeta no es aprenderse el modo de hacer un cierto tipo de obras poéticas. Es explorar los medios utilizados  para cualquier trabajo poético y estudiar sus prácticas lo que ayudará a crear otras nuevas.

3. Originalidad. La novedad del material y de los procesos es obligatoria en cada obra poética.

4. El poeta debe trabajar a diario para mejorar sus recursos y sobre todo para ir acumulando sus reservas poéticas.

5. Tener un buen cuaderno de notas y saber usarlo es mucho más importante que saber escribir sin errores en base a la vieja y caduca métrica poética.
6. No es necesario comenzar produciendo poesía en serie para obtener un único y brillante verso. Hay que dar la espalda a una futilidad poética tan poco racional. Solo se debe coger la pluma cuando no existe otro medio de expresión que no sea el verso. Solo debemos lanzarnos al trabajo poético en el momento en el que sentimos con nitidez el susurro de una obligación social.

7. Para comprender correctamente la obligación social el poeta debe situarse en el centro de las cosas y de los acontecimientos. Conocer la teoría económica, estar al tanto de la vida real, interesarse por la historia y la ciencia, es para el poeta una parte esencial de su trabajo y un aspecto mucho más importante que los manualitos escolásticos de profesores idealistas que idolatran a las antiguallas.

8. Para conseguir una mejor y más eficaz interpretación de la obligación social es necesario colocarse a la vanguardia de la clase social a la que pertenece el poeta, y luchar en todos los frentes en los que esté inmersa esa clase. Es necesario romper en mil pedazos el tópico de que el arte es apolítico. Esa vieja leyenda aparece ahora bajo la verborreica apariencia de los grandes cuadros épicos -primero épicos, después objetivos y al final no toman partido-, con un estilo grandioso -primero grandioso, después elevado y al final divino-.

9. Los juicios al azar y la individualista, carente de principios y caprichosa subjetividad del gusto, solamente pueden ser eliminados si consideramos al arte como un oficio. Solo considerando la poesía de esta manera lograremos situarla en el mismo plano que otros géneros literarios. Poemas junto a crónicas de los rabcors. Esto nos dará la posibilidad de abordar el problema de la valoración de la calidad de la obra poética, problema a cuya urgente solución nada aportan los tradicionales análisis místicos del fenómeno poético.

10. No podemos considerar el proceso de producción de un poema, lo que se llama el trabajo técnico, como un valor en sí mismo. Sin embargo, es este trabajo el que hace el poema conveniente para su uso. La diferencia entre las maneras de trabajar un poema es la que diferencia un poeta de otro poeta. Sólo el conocimiento, el perfeccionamiento, la acumulación y la diversidad en los procedimientos poéticos convierten a alguien en un escritor profesional.

11. El ambiente poético cotidiano influye tanto en la creación de una obra auténtica como los demás factores. La palabrabohemia se ha convertido en la designación común de todo lo cotidiano que rodea al artista pequeño-burgués. Se ha luchado mucho contra esa palabra, pero desgraciadamente sólo contra la palabra. En realidad seguimos respirando esa atmósfera enrarecida por los viejos arribismos literarios individualistas, por los intereses de capillitas gruñones y mezquinos, por las zancadillas mutuas y por la poetización de los conceptos, sustituyendo, por ejemplo, "borrachera" por "dulce embriaguez". Incluso es necesario que la imagen del poeta y las conversaciones domésticas con su mujer sean diferentes, definidas por su propia producción poética.

12. Nosotros, los Lefs, nunca hemos pretendido ser los únicos poseedores de los secretos de la creación poética. Pero somos los únicos que queremos descubrir esos secretos, los únicos que no queremos una veneración artístico-religiosa para, una vez conseguida, especular con ella como puros comerciantes.

(...)





"Es necesario romper en mil pedazos el tópico 
de que el arte es apolítico"





*Vladimir Maiakovski, 1926.  Traducción de Ismael Filgueira Bunes. mono azul editora. Colección Vuelapluma. 2009. Estos fragmentos fueron extraídos del blog El mundo trapo.