16 ago. 2013

Tres poemas de Michael McNeilley*



 incendiario

siempre hay un espacio
no importa cuán pequeño
por el cual el amor puede penetrar

no importa cuán pequeño
el corazón
donde esté

como el agua que se escurre
por un lavaplatos que se filtra
hichando las tablas del piso

minando la baldosa
hasta que las vigas del piso
se comban

y cuando lo descubres
sólo después significa
una reparación mayor

pero para ese entonces
las termitas de la madera húmeda
se han colado

y los inspectores sin duda
van a encontrar
una cosa semejante

y nunca te
devolverán el dinero
por eso

y las reparaciones
son tan caras
y vienen sin garantía

de que no sucederá
de nuevo
y lo único que puedes hacer

es quemarlo todo
con la esperanza
del seguro

y cuando vegan
a escarbar
los escombros
y pregunten qué sucedió
miente



Ha estado asoleado aquí, para ser marzo

En las semanas tras la muerte de mi hermano
se me ocurrían preguntas
que quería hacerle.

No la pregunta obvia, no
“¿Por qué mierda ... por qué ahora?” pensaba
que sabía la respuesta de eso.

Y quería patearle el trasero
como nunca lo hiciera cuando éramos niños,
él no tenía derecho, pero

las preguntas eran más simples:
“¿Cuándo es el festival de bluegrass de Telluride?”
“¿Todavía echas de menos a tus chicos?”

“Es éste uno de tus cassettes, o mío?”
“¿Crees que el techo de la leñera
durará todo el invierno?”

Y más, ni siquiera preguntas:
“Vi un camión y pensé que te gustaría”
“Podríamos jugar un poco a la pelota.”

“Deberíamos telefonear a mamá.”
“Conozco a una mujer que deberías conocer,
vamos a beber una cerveza.”

Y yo sé que no lo veré otra vez,
pero aún vienen a mí estos pensamientos, aunque
no tan a menudo como solían hacerlo.

Pienso en él y pienso en ti,
Tan lejos de mi alcance ahora,
Y no hay problema

excepto por las preguntas, las cosas
que te diría, los pequeños ofrecimientos
que haría, si pudiera.

Encontré un restaurante japonés fantástico.
Te gustarían algunos de estos poemas.
Desearía que dejaras de fumar.

Los narcisos están en flor por todas partes.
Tuve una idea extraña para un cuento.
Soñé contigo de nuevo.

En el sueño mi hermano estaba allí,
y mi papá, podía oler su Old Spice.
Ustedes dos estaban fumando Camels

y hablando, él estaba tonteando contigo
tal como lo habría hecho, tú
reías, tu pelo cepillaba

mi mejilla, sentados
muy juntos alrededor de una mesita.
Mi hermano sonreía.

La cabaña en Colorado, esa diminuta
cocina, mi madre pasando la aspiradora,
perros pequeños ladrando.

El gato me despertó con su ronrroneo.
Fue bueno verlos a todos de nuevo.
Ahora es casi la mañana.




bajo la misma luna

doc desliza otro whiskey a través de la barra
y yo me lo empino
estacionado aquí en mi taburete como
una carroza fúnebre entre coches deportivos
a una semana de otro año perdido
suturando mi corazón con hilos
de soledad
mientras que medio continente lejos
la fiesta de la agencia de publicidad ruge
y tú te subes a la copiadora
enrollas aquellos pequeños panties en tu dedo
con una risa semejante al hielo tintineando en los vasos
y alguien pulsa el botón
para imprimir mi tarjeta de cumpleaños






*Michael McNeilley, poeta, periodista y escritor estadounidense, fue Director fundador del National  Student News Service; trabajó como reportero y corresponsal en Washington, D.C.. Escribió cientos de poemas y cuentos que publicó en numerosas revistas y en diversos sitios de Internet.  Murió en el 2000.




 


13 ago. 2013

Tres poemas de Ludmila La Manna*

Facebook


Mis compañeos de primaria ya no tienen dientes de
alambre

Francisco sigue siendo una cloaca
-y ahora sé que la cloaca es el culo triste de las
gallináceas-

Nicolás vive con su vieja, siete hermanos y un padre
muerto que
-dice- hace crecer los rosales como caníbales cada
invierno

Fermín tiene los viejos desaparecidos
y una hermana
a quien odia
que lleva el nombre de la madre casi muerta

Ana es acompañante en un bar de lujo
Carlos la vio mientras yiraba borracho como todos los
martes

La gente se encuentra en Facebook

Alejandro sonríe en todas las fotos
y dice que tiene pánico

Martín propone vivir un romance preescolar

Juana sale con una mina que la duplica en edad
y se viste de pendeja

Natalia vive en Roma

Dala recorrió el  mundo
y es evidente que adora posar bajo las estatuas

Mi marido volvió a encamarse con su primera novia

Qué suerte que en Facebook la gente se encuentra.




2

Llego a la espalda
de una ciudad con puerto
espero mi turno en el teléfono
aprovecho el espacio
para estirar los cartílagos
y pensar a quién le aviso
a cuál de todos los pasados
opto por 4953-3843
aparece un auto
vidrios negros
olor a homosexo
el pibe se baja
me abraza
Sujeto el hilo de incondición
que nos une y desune

Deambulo hasta entrada la noche
el aire es frío
tomo cafés en vasitos de plástico para no detenerme

Soy otra vez
esta hembra leve y puntiaguda
retando a la abuela
en la repetición exacta
de los caramelos sobre la cama
haciendo el amor primario
en una casa abandonad

Soy otra vez
la de naturales
blanco del tiro de un pendejo
la novedada cada tarde por el Rulo
seño mataron a Paco por chorro seño por qué iba a ser
la seño rabia
moribunda
ahogando a Silva en un aborto mal tejido

Soy otra vez
la mimada de una mujer buena
la nena esperando el desayuno
la que ahorcó a los pollitos de la hermana
la que grita dormida

Soy la que no tiembla
ante el hombre sordo
que da vueltas sobre mí
mirame no me mires
mirame no me mires
mirame no me mires



14

Adelaida suma en varios bolsos
ropa de cuatro talles, cinco
remeras, pantalones, pulóveres
camisas, pijamas azules, rosas
zapatos, ojotas, botas
Rogelio mira de reojo
agazapada la botella
hace zapping
futbol /minas/ futbol
mira de reojo.

Adelaida se detuvo hoy
en la puerta de la iglesia
pensar que creí casadita de blanco
cura de mierda
decir que Rogelio iba a dejar la bebida
como se deja el diablo
Yo tenía razón
al día siguiente
la sombra de cada perejil
se repite
que no venga el físico del cuarto
a decirme que la Tierra gira
Adelaida escupió
en el filo de la iglesia
y se fue mordiendo el labio superior.

Rogelio la mira de reojo
cree que ya son las vacaciones
la ginebra le da calor
y tal vez sea enero
Adelaida termina de acomodar la ropa
carga el auto
levanta los chicos
los carga al auto
Rogelio grita dormido un gol de Vélez.
Son las cinco de la mañana
cuando cruzan la avenida Centenario
El tanque está lleno
falta para que despierten
aprovecha para llorarse
lavar el veneno el amor.

Nueve y cuarto
diez minutos despues de lo esperado
se despierta la bandada
Adelaida lleva la cara como un arco iris.
Se detienen en una estación de servicio
pañales, nafta, pipí, medialunas, mate listo Taragüí
descubre Adelaida y sonríe finalmente con ganas.
Compra un mapa
hace tatetí sin que los chicos la oigan
por esto del desconcierto que dijo la psicopedagoga
Queule lindo nombre
Queule
faltan 1717 kilómetros y sólo 120 de ripio
¿tendrá cajero?
Los chicos protestan
se calman unos a otros
Ella les dice cuánto los ama.

A la tarde siguiente llegan a Queule
hay unas veinte casas
en las siete cuadras de calle principal.
Por la izquierda el mar
es un león en celo.
Del otro costado
en la ladera
esparcidas
diminutas
asoman casa
como mirando.
Adelaida apaga la música.
Baja.
La bandada duerme dentro del auto
y fuera no hay rastro de bandada alguna.
El silencio parece haber echado raíz en Queule.
Adelaida camina despacio
sin interrumpir
el ruido a nada.
Hasta el gollpe del león
contra las piedras
aparece como un murmullo.
Queule está desierto.
Adelaida golpea las manos
cada vez con más fuerza.
Golpea las puertas
de las veinte casa
y grita.
Queule está desierto.
A lo lejos ve entonces
un racimo de personas que bajan la ladera
cantando vienen
bailando vienen.
Las mujeres llevan enormes ollas en la espalda
los niños cargan flores, guirnaldas, frutas.
Bajan hasta la calle principal
entra cada uno a su casa
como si Adelaida no existiera.
Como si la bandada no estuviera ahí
las plumas detenidas.
Adelaida se acerca a la última mujer
y le pregunta.
Hpy es domingo, señora
los domingos viene dios
toditos los domingos viene dios
y vamos a buscarlo
a llevarle.
Adelaida junta a los críos
pijamas, medias
calzoncillos, pantalones
botas, ojotas.
Ocupa una pieza en la última casa
y espera el domingo,
y al siguiente, y al otro.
Adelaida lleva críos
tarros de leche, guirnaldas, flores
y va creyendo
de a poco
va creyendo
eso de que la tierra gira
y la sombra cambia.

*de "Fotogramas". Ludmila La Manna (1974) nació en Buenos Aires y hace más de diez años vive en Esquel. Publicó: "Del sur" (2002, edición de autor), "Duyá" (2005, Grupo de Amigos del Libro Patagónico) y Pactos (2010, Estrella Deliciosa Ediciones)