25 nov. 2013

Anotaciones Críticas II

El prólogo es un género más. Y por lo tanto, un modo de leer más.
En la mayoría de ellos, salvo felices excepciones, el prologuista, hace alarde de un lenguaje que pretende ser “más lenguaje” que el que fluirá en las páginas siguientes. Así, es posible reconocer ciertos modismos,  más o menos estereotipados, de la lengua en los prólogos. Estas afectaciones tienen varios supuestos sobre los que se asientan: el prólogo debe ser una especie de ritual de descubrimiento; el prólogo debe ensalzar el sentido que descubre y debe disimular tanto el descubrimiento como su apología. De esta manera, el prólogo oscila entre una ficción de la notación vertiginosa y desarticulada de la experiencia individual de la lectura y el barroquismo vacío producto de la exacerbada ornamentación léxica y sintáctica, que pretende ocultar la ausencia de lectura. Ambos contornos se refieren al mismo centro: la lectura, o la narración de su ausencia.
De entre los lugares comunes que suelen tener algunos prólogos, la frase “YA DESDE LOS PRIMEROS POEMAS”, me parece la más esclarecedora. ¿Qué quiere decir el prologuista con  YA desde los primeros poemas etc., etc., etc.? ¿El prologuista se esperaba que RECIEN DESDE LOS SEGUNDOS O TERECEROS POEMAS encuentre el sentido o la unidad del poemario? ¿Cuáles son los PRIMEROS POEMAS, los dos, tres cuatro primeros poemas, o el primero mismo? ¿El prologuista hace alarde  de que aquello que el lector mundano construye luego de leer y releer varias veces el poemario, él, perspicaz lector y escritor de prólogos, lo descubrió YA desde LOS PRIMEROS POEMAS? y por tanto, ¿YA no le hace falta leer mucho más, porque YA descubrió, el sentido, la unidad, el tono, el ritmo, DESDE LOS PRIMEROS POEMAS?  Por esto, esta frase revela algo acerca de la lectura, y no de la escritura: al leerla en un prólogo, se me ocurre que quien la escribe, sólo leyó del conjunto de poemas que intenta comentar LOS PRIMEROS, donde desde YA, está lo que se va a encontrar en el resto, entonces, ¿para qué seguir leyendo?  
El prólogo se transforma en la construcción de una ficción: la de la lectura. Quien escribe, construye un relato en el que narra “su lectura”, que nunca existió más allá de LOS PRIMEROS POEMAS. El personaje principal de esa ficción es, la lectura, que por ausencia se parece a los enigmas en los policiales: la verdadera investigación no es sobre lo que se percibe, sino sobre el modo de la percepción. El modo de percepción en el prólogo es un acto de lenguaje que no tiene referente. De modo que el estatuto del prólogo, a saber, que es una instancia secundaria que registra sistemáticamente un acto primario, individual y solitario de lectura, cargado de repeticiones, marchas contramarchas y borradores,  cruces y rebotes, no es un conjunto de normas (genéricas) que regulan un acto (la lectura) , sino al revés, una legislación  que produce al acto.  El prólogo no representa sino que produce una lectura, produce la lectura misma de la obra que anticipa. Es un antes, pero no de la escritura sino de la lectura.
El prólogo  construye un acto de  lectura, si esta existió o no, es irrelevante. Existe la escritura y una exo-escritura: la primera corresponde a la ficción literaria (novela, poema, cuento etc.), la segunda a la ficción de la lectura. Un prólogo está fuera de la obra, pero construye el estatuto de lectura que la va a legislar. En ese sentido, ni YA DESDE LOS PRIMEROS POEMAS ni luego de un sesudo estudio el prologuista se refiere a la escritura literaria: su referente es su producto, o sea la lectura. Un prólogo habla de cómo se lee, no de cómo se escribe. 

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